🔗 Share this article El portero Simón: ‘Ganar un título con el Athletic me satisface mucho más que 10 títulos en cualquier otro lugar’ < lang="es"> “En ocasiones se requiere cierta ventura; aquella resultó ser mi oportunidad”, afirma Unai Simón. “Lo que creí que pasaría a largo plazo, sucedió en cuestión de días”. Fue hace siete años, Simón contaba con 21 años y, aunque había estado formándose en el Athletic Club durante diez años, y en la plantilla principal desde 2015, el vástago de agentes del orden alavés no imaginaba que se diera una oportunidad de debutar con el Athletic en breve, o quizá nunca. Era su máximo anhelo, aunque ya ni siquiera residía allí, emigrando 800 km para hallar una oportunidad en segunda división. Fue entonces cuando cosas extrañas tuvieron lugar. El equipo londinense fichó al guardameta vasco. El cancerbero sufrió una lesión. Y los tratos por la extensión del guardameta no avanzaron, la entidad optó por que no podía alinearle. Así que llamaron al Elche reclamaron la vuelta al meta. Todavía no había jugado un encuentro de liga. En realidad aquello no era totalmente veraz; no si cuentas los partidos de preparación. “Únicamente disputé una ocasión en el Martínez Valero y nos alzamos con un trofeo: el trofeo de pretemporada”, señala Simón, riendo. “Y pasé de eso, de considerarme suplente lejano y estar cedido, a disputar en casa en la primera jornada”. “Necesitaba intentar construir mi trayectoria en otro lugar y anhelar que de alguna manera, una puerta se abriera en el Athletic en seis o siete años y que todavía tuvieran un recuerdo sobre mí”, añade Simón. “De repente te ofrecen esa posibilidad y te encuentras nerviosísimo. No dormí apenas. “El estadio se encontraba completo, tenían lugar festividades en la villa. Disputas al Leganés, que quizá no son el oponente más temido, pero en mi caso equivalía a el partido definitivo de la Liga de Campeones. En los instantes iniciales, surge un balón que no voy a buscar y Yuri me dedica una arenga, chillando. Y pienso: ‘Vaya, ahí viene lo bueno’. En ese instante, todo cambia”. Y vaya si cambió. La primera noche no resultó fácil y habría una espera cuando se recuperó Herrerín, sin embargo ahora que Simón se sienta en las instalaciones donde entrena desde la edad de 10 primaveras, siete años desde ganar aquel amistoso, se ha convertido en el guardameta indiscutible del club y la Roja, y se dirige a el estreno fixture europeo del equipo en once años; el club cuya talent pool representa menos al 7% de la gente del país ante los mejores mundial. Y eso, afirma Simón, es lo máximo. “La Champions resulta única para cualquiera, pero en nuestro caso, los locales. Nos satisface mostrar que luchamos de esta manera, además. En la ciudad el fútbol empieza con gente que trabajan en la industria construyendo un equipo de la zona. El balompié se ha globalizado y es mundial, mueve ingentes cantidades, de modo que eso se ha abandonado en parte, aunque nuestro modelo enlaza con el pasado, cómo era el fútbol. Nos conocemos desde siempre lo que implica que probablemente no constituyamos el más talentoso técnicamente, en los ratos complicados seamos especiales. Eso es nuestra identidad. “La cotidianidad es más gratificante. Recientemente fracasamos ante el equipo vitoriano y todo que anhelábamos era estar juntos, encontrarnos, apoyarnos, que surgieran las bromas. Pensar: ‘Pronto enfrentamos la Liga de Campeones’. Jugar una edición de Liga de Campeones te satisface, ése es a lo que aspiras. Pero la gente entiende este deporte de maneras diferentes. “Unos dan importancia el dinero. Algunos, los títulos. Hay quien les emociona por jugar al lado de para los que te han apoyado siempre. Claro {me encantaría|me gustaría|
“En ocasiones se requiere cierta ventura; aquella resultó ser mi oportunidad”, afirma Unai Simón. “Lo que creí que pasaría a largo plazo, sucedió en cuestión de días”. Fue hace siete años, Simón contaba con 21 años y, aunque había estado formándose en el Athletic Club durante diez años, y en la plantilla principal desde 2015, el vástago de agentes del orden alavés no imaginaba que se diera una oportunidad de debutar con el Athletic en breve, o quizá nunca. Era su máximo anhelo, aunque ya ni siquiera residía allí, emigrando 800 km para hallar una oportunidad en segunda división. Fue entonces cuando cosas extrañas tuvieron lugar. El equipo londinense fichó al guardameta vasco. El cancerbero sufrió una lesión. Y los tratos por la extensión del guardameta no avanzaron, la entidad optó por que no podía alinearle. Así que llamaron al Elche reclamaron la vuelta al meta. Todavía no había jugado un encuentro de liga. En realidad aquello no era totalmente veraz; no si cuentas los partidos de preparación. “Únicamente disputé una ocasión en el Martínez Valero y nos alzamos con un trofeo: el trofeo de pretemporada”, señala Simón, riendo. “Y pasé de eso, de considerarme suplente lejano y estar cedido, a disputar en casa en la primera jornada”. “Necesitaba intentar construir mi trayectoria en otro lugar y anhelar que de alguna manera, una puerta se abriera en el Athletic en seis o siete años y que todavía tuvieran un recuerdo sobre mí”, añade Simón. “De repente te ofrecen esa posibilidad y te encuentras nerviosísimo. No dormí apenas. “El estadio se encontraba completo, tenían lugar festividades en la villa. Disputas al Leganés, que quizá no son el oponente más temido, pero en mi caso equivalía a el partido definitivo de la Liga de Campeones. En los instantes iniciales, surge un balón que no voy a buscar y Yuri me dedica una arenga, chillando. Y pienso: ‘Vaya, ahí viene lo bueno’. En ese instante, todo cambia”. Y vaya si cambió. La primera noche no resultó fácil y habría una espera cuando se recuperó Herrerín, sin embargo ahora que Simón se sienta en las instalaciones donde entrena desde la edad de 10 primaveras, siete años desde ganar aquel amistoso, se ha convertido en el guardameta indiscutible del club y la Roja, y se dirige a el estreno fixture europeo del equipo en once años; el club cuya talent pool representa menos al 7% de la gente del país ante los mejores mundial. Y eso, afirma Simón, es lo máximo. “La Champions resulta única para cualquiera, pero en nuestro caso, los locales. Nos satisface mostrar que luchamos de esta manera, además. En la ciudad el fútbol empieza con gente que trabajan en la industria construyendo un equipo de la zona. El balompié se ha globalizado y es mundial, mueve ingentes cantidades, de modo que eso se ha abandonado en parte, aunque nuestro modelo enlaza con el pasado, cómo era el fútbol. Nos conocemos desde siempre lo que implica que probablemente no constituyamos el más talentoso técnicamente, en los ratos complicados seamos especiales. Eso es nuestra identidad. “La cotidianidad es más gratificante. Recientemente fracasamos ante el equipo vitoriano y todo que anhelábamos era estar juntos, encontrarnos, apoyarnos, que surgieran las bromas. Pensar: ‘Pronto enfrentamos la Liga de Campeones’. Jugar una edición de Liga de Campeones te satisface, ése es a lo que aspiras. Pero la gente entiende este deporte de maneras diferentes. “Unos dan importancia el dinero. Algunos, los títulos. Hay quien les emociona por jugar al lado de para los que te han apoyado siempre. Claro {me encantaría|me gustaría|